Es de agradecer, en primer lugar, que los personajes vivan en casas y en barrios que reconocemos como cercanos. La decoración de la casa de la protagonista, por ejemplo, es estridente y familiar, con problemas de espacio, que guarda escasa relación con esas casas de diseño que tanto han abundado en ciertas series en los últimos años.
Igualmente, los trabajos que tienen los personajes principales no son de arquitecto ni de periodista viajero ni de actriz en ciernes; la madre-protagonista tiene una panadería, y mantiene ella sola a su madre y a sus hijas (en una escena veloz, de claro homenaje almodovariano, la protagonista trabaja, limpia la casa y hace la compra para toda la familia, y aun le queda tiempo para dar cariño y ocuparse de sus hijas). Asistimos así a unas vidas muy normales, en las que pasan cosas muy normales, desde los típicos malentendidos entre las distintas edades de mujeres que confluyen en la serie (la gran baza dramática por el momento) hasta la convivencia con los rumores y el qué dirán de la vida de barrio cerrado.
Y lo mejor de todo: se busca que los personajes nos parezcan naturales y cercanos, pero también que algunos de ellos sean irreverentes por directos, por hablar sin tapujos de algo tan común y tan velado como la vida sexual de una viuda o la automedicación contra la depresión tras los cuarenta.
Aunque acaba de empezar, esta serie ya anuncia que el costumbrismo puede también ser un género en el que conviven lo más común y trivial junto con lo más disparatado y esperpéntico.
1 Comentarios a "Mujeres"
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No he visto aún ningún episodio de la serie mencionada, pero tu artículo ha despertado mi apetito. Nuestro arte -pensemos en la fuerte tradición realista de nuestra literatura y en los grandes clásicos de nuestra pintura- ha mostrado a lo largo del tiempo una clara inclinación hacia el realismo. Todo pueblo posee un carácter, una particularidad propia y única que, en principio, deben resultarle de gran atractivo al autor realista. Desde luego la realidad española es lo suficientemente rica en matices, en tipos y colores como parar haber posibilitado la creación de un vasto y rico imaginario. Almodóvar siempre ha mezclado en su obra un sentimiento de apego a la realidad con un sentimienro de evasión, de transformación e idealización, y esto explica que en sus películas los espacios se alejen a veces de una intención de verosimiltiud en favor del diseño y el buen gusto. Pero por lo que dices los directores de "Mujeres" no han caído en la misma tentación y han tratado de que los espacios de la serie y los modos de hablar y comportarse de los personajes se correspondan con su situación social y su carácter particular. Un acierto, sin duda. Y es algo que hay que agradecer. Estaba uno cansado de esos espacios limpios, fríos - a pesar de tanto color cálido y chillón- de las series actuales, lugares importados de los telefilms americanos, transterrados a un clima ajeno (que termina por rechazar o, al menos, crea distancia en el espectador).
Sigamos con eso de la importación... Nuestro cine español se empeña últimamente en ampliar su registro, pero lo hace mirando a América. Thrillers, pelis de jóvenes sometidos a un terror impreciso, comedias, cine policíaco... con sabor a tierra extraña, a una tradición ajena, no asimilada, artificial. ¿Es que no se puede hacer una película de cine negro con un detective español, con malos españoles, con nuestra propia realidad? La sombra de Bogart es alargada.