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Reseñas 04 Febrero, 2008 13:41
 
 
Tal vez encontremos en la poética brechtiana las causas que han llevado a Belén Gopegui  a preferir el discurso argumentativo, en detrimento de la narración,  en su última novela, El padre de Blancanieves (Anagrama, 2007, Barcelona), la cual gira sobre uno de los temas principales de su obra: la disciplina económica que se ejerce sobre los cuerpos. “Nosotros trabajamos para que unos pocos se apropien de los beneficios. Pero no se trata de una anomalía sino de las reglas de un juego tan absurdo como dañino”, dice un personaje al referirse al funcionamiento de las empresas privadas. Esta novela polifónica sobre personajes que, por encima de todo, argumentan sus opciones políticas y sus críticas a un sistema desigual, pronto se ve frenada por los propios límites que la autora se ha fijado y, más por torpeza que por compromiso estético, el discurso argumentativo ahoga la narración y los personajes devienen voces políticas y no humanas, meros signos de una postura ideológica. De tanto defender sus opiniones, de sólo escucharles con ese rostro, se acartonan y resultan forzados o a veces, simplemente, tediosos. Da la impresión de que Belén Gopegui no ha querido dejar sueltos y vivos a sus personajes con el pretexto de crear una suerte de género bastardo entre el ensayo, el panfleto y la narración, pero tampoco ha sabido dar un paso sólido hacia la distancia brechtiana, ya aludida, porque precisamente el tono de la novela deteriora el recurso de la polifonía: las voces de los distintos personajes suenan igual, en sus soliloquios de metáforas visuales y en sus ejemplos de problemas concretos, se confunden en un único narrador sólo preocupado por expresar juicios o, peor aún,  que moraliza sin dejar espacio a que el lector lo haga por su cuenta. Del actor sobreactuado, al director teatral que explica al público las claves con las que debe leer la obra.

De ese modo, y rozando la novela de tesis, El padre de Blancanieves presenta los efectos y las causas de varias historias humanas golpeadas por el sistema de mercado, el modelo económico del que, sugiere el libro, somos víctimas y verdugos, engranaje y motor. Es el caso de Manuela, una de las protagonistas del libro, una profesora de instituto que decide cambiar su vida y pasar a un mayor compromiso político tras ser consciente de la responsabilidad ante su vida cerrada de clase media, feliz en su dichosa ceguera. El marido de Manuela, Enrique, decide en cambio defender su burbuja y su aislamiento, como un padre encerrado por voluntad propia en una torre, como el padre de Blancanieves, hasta que llega al conflicto con su familia y, en particular, con su hija, quien acentúa su activismo político. Cruzándose con esta línea narrativa, las acciones del colectivo social en el que milita Susana (en concreto, la narración sobre la construcción de una planta de cultivo de algas para reducir los gases contaminantes de una chimenea y así denunciar la impasibilidad de los poderes políticos), personajes que entran y salen, la historia de amor de Goyo y Eloísa truncada por los miedos, la necesidad de que “preguntemos ahora” a quien no quiere afrontar verdades sobre la desigualdad social, sobre un modo de vida levantado sobre “propietarios que calculan sus beneficios”.  

Sin juzgar el acierto o la fuerza de las opiniones que inundan el libro, muchas de las cuales son contundentes en su precisión, la novela no resuelve bien la plausibilidad con que deberían moverse y actuar los personajes por la ausencia, precisamente, de una mirada que vaya más allá del enjuiciamiento. Además, la estructura del libro necesita una revisión profunda. Valga como ejemplo que la intención de elaborar “informes sobre el mundo”, la idea brechtiana con la que arranca el libro, los informes sobre lo que ocurre en los institutos, en los hospitales, en las empresas, “pero también en las habitaciones”, guía los primeros capítulos y de pronto se pierde hasta brotar, doscientas páginas después, en sólo un par de hojas que resumen algunos casos sobre la tensión desigual entre trabajadores y empresas. Poco más queda de la ambiciosa puesta en escena inicial de la novela; ésta se declara partidaria de elaborar dichos informes, pero finalmente se conforma con mostrarnos (o mejor dicho, explicarnos) sólo uno, el referido a Manuela y Enrique.

Los compromisos materiales que adquirimos y las pérdidas personales que implican:  el tema central de El padre de Blancanieves, ineludible en cualquier sociedad que quiera reflexionar sobre su deriva, no asegura, sin embargo, un tratamiento formal adecuado. Frente al “narrar para comprender” de la novela La conquista del aire, donde Gopegui demostró que sabe narrar con gran habilidad, El padre de Blancanieves postula “el narrar para argumentar”, lo que produce una retahíla de opiniones y argumentos diseminados entre voces, a veces sorprendentes, otras repetitivas, y todo el tiempo políticas, hasta llegar a extremos extenuantes. Acierta Gopegui en señalar un camino imprescindible para devolver a la literatura su función de bisturí del tejido social, pero se olvida o se niega a colocar ese tejido social en unos lugares, en unas habitaciones, en unos espacios que adquieran credibilidad y que no parezcan, vamos, un simple teatrillo para que el moralista se explaye.


Reseñas 07 Enero, 2008 20:11

 

*El último premio Pulitzer de narrativa de 2007, La carretera, de Cormac McCarthy,  encaja perfectamente en el género tradicional de novela, y es en gran medida convencional en su trama y en su voz narrativa. Pero que nadie se alarme: no es motivo para desdeñarla o para considerarla una obra menor. Es cierto que McCarthy lleva desde hace años indagando en las convenciones  procedentes de subgéneros como la novela del oeste (Meridiano de sangre) o la novela negra (No es país para viejos) para extraer historias pulidas y personajes extremos, siempre entregados a la épica de la supervivencia o de la huida. En esta ocasión, McCarthy ha depurado al máximo los materiales narrativos, siguiendo la condensación temática y estilística hacia la que camina su obra. De El guardián del vergel, su primera novela, en la que la yuxtaposición de capítulos se hilvana en una lógica morosa y errática, pasando por la inmensa Meridiano de sangre, cuyas voces narrativas juegan con un lirismo descriptivo en  plenitud, y la genial No es país para viejos, donde varias tramas y  narradores se entrecruzan (y su prosa, de frases cortantes, breves, de descripciones austeras, poco o nada tiene ya ver con la de Meridiano de sangre), hemos llegado, en fin, a La carretera, una novela corta, o un relato largo, con un solo narrador y una sola línea narrativa que avanza pausadamente, sin grandes elipsis, y que ordena con claridad su construcción narrativa a partir de escenas y de resúmenes de la peregrinación de  los protagonistas de la novela: un padre y su hijo, que caminan por una carretera interestatal en un país devastado, destruido por una guerra o un holocausto nuclear, hacia un punto impreciso, siempre hacia el sur, con la única obsesión de sobrevivir y encontrar comida y seguir vivos otro día más, mientras evitan los encuentros con otros supervivientes de la guerra. El tono de la novela oscila, como una balada, entre la descripción de los escenarios—hipnótica según se avanza en la lectura: “la negrura era ciega e impenetrable... pecios de edificios esparcidos por el paisaje... La carretera, sembrada de escombros y desperdicios, que tenían que sortear con el carrito”—y los días que viven los personajes sin nombre, “pálidos como fantasmas”. Atrás quedan los experimentos con la estructura y las voces de otras novelas de McCarthy; todas sus dotes como narrador están volcadas ahora en la construcción de los personajes a través de la acción, o lo que es lo mismo, en las resonancias épicas de la historia.

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Reseñas , Artículos en la red 11 Noviembre, 2006 01:33

 

Cada vez leo menos las páginas de los periódicos, y cada vez cuesta más creerse lo que dicen. De vez en cuando, aparecen artículos y opiniones aquí y allá, tanto en medios generalistas como en web periféricas, que bien merecen una lectura detenida. Ya se sabe, uno a veces se entera más y se informa mejor con un buen artículo que con todas las noticias diarias publicadas sobre el tema. Aquí van algunos de los artículos que más me han gustado últimamente. 

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Reseñas , Futuros mediáticos , Cine 26 Septiembre, 2006 03:53

 

Una historia de amor ambientada en el futuro; un hombre y una mujer separados por leyes que intentan controlar los estragos causados por la experimentación clónica; un relato futurista y también (como casi toda la ciencia-ficción) tremendamente político, pues el territorio—y los mecanismos que se usan para vigilarlo, controlarlo e, incluso, fragmentarlo—es quizá el gran protagonista de la película, lo que nos hace recordar todas esas narraciones futuristas cuyos escenarios principales se caracterizan por espacios fracturados en dos, en una dicotomía irreconciliable entre un adentro y un afuera. Hablamos, sobre todo, de esas ficciones que retratan la separación abismal entre una ciudad cerrada e hipervigilada y el territorio inmenso y caótico que se abre extramuros, fuera de las fronteras militarizadas de la ciudad.

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Reseñas , Relatos mediáticos , Cine 12 Septiembre, 2006 18:47

 

Alguien llama a la puerta. Crees que son tus hijos, que vuelven de la escuela, y abres confiado. Allí delante hay un cartero con un paquete para ti. Lo despides, entras en la habitación, compruebas que el contenido del paquete es lo que habías pedido, y vuelves a tus cosas: tocas el piano, o riegas las plantas, o preparas las clases de informática de mañana. Poco después, suena de nuevo el timbre de la puerta. Abres y te encuentras con un policia, con una sonrisa espléndida y una orden de registro en la mano. Estás confundido y no entiendes muy bien lo que te comenta, soy la misma persona de antes, sólo me he cambiado de ropa, no sabes lo que quieren, pero ellos sí, ellos tienen muy claro a quien acaban de detener. Lo ves en un fogonazo: han seguido la pista de la revista que habías pedido por correo. Es cuestión de horas que encuentren todo el material que guardas en casa, detrás del piano, y que comiencen a interrogarte y a atar cabos. Te preguntan por las clases privadas de informática que das en casa...

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