¿Puede el proceso de paz sobrevivir al atentado del 30 de diciembre?
Después del atentado de ayer, 30 de diciembre, en el que ETA consiguió lo que quería, reivindicar su presencia en la escena política y mediática mediante un escenario de miedo y confusión (amplificado por todas las cadenas de televisión, que mostraban imágenes de una inmensa columna de humo sobre la T4 de Barajas), después de que la oposición lanzara su discurso de intranquilidad y desasosiego tramado desde hace tiempo, después de que el Gobierno haya anunciado "el fin de las conversaciones", y después de que todos los periódicos hayan abierto sus titulares con rotundas afirmaciones acerca del fin de la tregua ("ETA vuela la tregua", "ETA revienta el proceso de paz", etc), nos queda la pregunta más difícil: ¿Puede el proceso de paz salvar este escollo? O mejor dicho, ¿cómo podría suceder?
1. Arnaldo Otegi ha hecho lo que debía y ha confiado en el proceso de paz. Lo mismo han afirmado los comunicados de varios partidos vascos. Es decir: pese al error del atentado, numerosos dirigentes decisivos en el proceso de negociación han dado su confianza en la paz, sabedores (y ójala que no nos equivoquemos) de que éste ya es un camino de no retorno, de que el proceso de paz tiene que ser inevitable e irreversible.
2. ETA y el Gobierno han actúado de la manera que menos esperábamos: los primeros queriendo llevar de nuevo la iniciativa mediante la amenaza y el miedo, malas compañeras para las reivindicadas "mesas de diálogo"; el Gobierno rompiendo toda posibilidad de encuentro y atribuyendo toda la responsabilidad del fracaso a ETA. Hasta el propio Otegi ha afirmado que "hemos asistido con absoluto asombro a declaraciones de responsables del Gobierno jactándose de haber hecho todavía menos de lo que hizo en su día el Gobierno de Aznar". Efectivamente: la manipulación partidista que hemos vivido en los últimos meses (vídeos incluidos) le ha sentado fatal al proceso, reconozcámoslo.
3. La iniciativa del proceso no puede estar de nuevo en la oposición ni en los discursos revanchistas, como tantas veces hemos afirmado. Las palabras de odio y de deseo de violencia de algunas asociaciones, tal como hemos visto hoy en las televisiones, perjudican al proceso y lo llevan a una espiral de violencia muy peligrosa.
4. Y lo más importante de todo, lo que no debemos olvidar nunca: ni la izquierda abertzale es una mole indivisible, ni ETA aspira únicamente a la violencia. En los últimos meses, nos han llegado noticias de las tensiones y las divisiones dentro de la izquierda abertzale, separada en los medios por conseguir logros y resultados en el proceso. Es decir: el proceso de paz tiene que impulsar a los actores de la sociedad civil vasca que apuestan decididamente por el proceso de paz, que saben que la paz (en el contexto histórico actual) es el único instrumento legítimo e instaurador de diálogos para conseguir objetivos. No podemos olvidar ese pequeño matiz, porque en él nos estamos jugando todo el proceso: la mayor parte de la izquierda abertzale apoya el proceso, la mayor parte de la izquierda abertzale no quiere volver a la situación política previa a la tregua*. Y repito: prácticamente todos los partidos vascos han mantenido su confianza en la tregua.
5. Así que ahí queda el reto, y la pregunta que deben responder los medios nacionales y los políticos en los próximos días. O seguimos con titulares y con imágenes de violencia y de represión y de supuesta unidad de ETA (lo que da alas a los sectores más radicales) o nos detenemos y miramos a lo que hemos tenido durante treinta años (y lo que no queremos más) para dar voz y legitimación política a los sectores de la sociedad civil que apuestan sin fisuras por la paz.
Si no perdemos de perspectiva que en todo proceso hay errores y sectores en tensión (tanto en ETA como en el Gobierno), el diálogo podrá volver a producirse. Por ahora, desde luego, los medios nacionales no han favorecido el proceso ni un ápice; veremos a qué actores políticos dan cobertura en los próximos días, pues ese será uno de los pasos decisivos.
*El periodista Walter Oppenheimer firma un magnífico artículo en EL PAÍS sobre las dificultades y las rupturas de la tregua del IRA antes de la paz definitiva en 1998. Fueron acciones a la desesperada para reivindicar su protagonismo en el proceso, aunque sabían que el terrorismo como arma política era ya inviable.
4 Comentarios a "¿Puede el proceso de paz sobrevivir al atentado del 30 de diciembre?"
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No podemos hablar con quien no sabe hacerlo. Si queremos llegar al diálogo tendríamos que empezar a enseñarles, para empezar, las vocales, luego las consonantes, etc. Son como niños con los cromosomas bien jodidos...
hombre, enseñar a hablar no creo que sea un comentario nada acertado, no voy a justificar la violencia de nadie pero parece mentira que todavía haya quien no sé dé cuenta de que no interesa al sistema acabar con el problema político. Que a eta se le va la olla lo sabemos todos, pero nadie les ha votado ni dicho que hagan lo que hacen, y al gobierno? no es el ejecutivo responsable al 100% del "fracaso" al que todo este ilusionante proceso de paz ha sido arrojado desde el mismo instante en el que no hace nada en absoluto? una oportunidad como esta merece más respeto, porque los que lo pagamos somos los nabarros (entendiendo nabarra como Euskal Herria) que queremos un cambio y que no comulgamos con el sistema, desde el punki, al abertzale, al internacionalista, al anti-sistema... a todos nos meten en el mismo saco (18/98*) y la represión politico-judicial (sin olvidarnos de la institucional, ni de nuestros agentes del orden y la ley) somos los de la calle la que la sufrimos día a día. Nadie más que la sociedad vasconabarra está más hasta el moño de todo este tinglado y comentarios como enseñar a hablar no son muestra más que de lo que han conseguido los peperos y los medios de comunicación.
Por mi parte, no puedo menos que expresar mi asombro ante el desconcierto general: no me explico que alguien se pensase que la negación con ETA iba a ser poco menos que un versallesco intercambio de razonables opiniones.
Tal vez debería considerarse:
1º. ETA es un grupo terrorista que se antoja imposible de desarticular. A diferencia de otros grupos terroristas, ETA tiene una muy considerable base social, y muchos presos en las cárceles (es decir, con muchos familiares organizados detrás de ellos). Es decir, o "motu proprio" dejan un buen día las armas (cosa casi inverosímil) o en algún momento habrá que negociar con una mesa de por medio, le pese a quien le pese.
2º. En la tregua no sólo se implica ETA: también organizaciones sociales y políticas que no se deberían (como se hace en general en los medios de comunicación) ignorar. Por otra parte, ETA lleva dejando claro que quiere hablar (y sabe hablar, de acuerdo con Aizea de que es simplista decir lo contrario) durante el tiempo en que dejó de matar (como advirtieron los distintos gobiernos que intentaron negociar con ella).
3º. Por tanto, el resultado de la gestión de las negociaciones afecta a un número considerable de personas, y tiene innegables repercusiones sociales, políticas y económicas.
Por todo ello, parece claro que el gobierno actual hizo lo que debía (aunque no dejan de ser inquietantes las declaraciones de J. Blanco, que dijo hace un par de días que tal vez había habido un “problema de comunicación” con ETA –parece que patinaron en la elección del interlocutor, cosa que me parece grave). Sin embargo, y por desgracia, ETA ha matado a dos personas más, y eso hace que la situación de negociación (no oficialmente suspendida) cambie.
Pero si somos coherentes con lo dicho (recordemos que tarde o temprano habrá que negociar) creo se debería seguir negociando sólo en el caso de que ETA hiciera algo concreto que demostrara su voluntad de seguir, a pesar de todo, con el proceso (por ejemplo, anunciar un calendario de entrega progresiva de armas).
Termino recordando que, en mi opinión (pero hay ejemplos recientes que apoyan lo que digo) este tipo de negociaciones son tortuosas y complicadas, y que actos como el de la Terminal 4 (o de un hipotético atentado de la extrema derecha, en caso de que las negociaciones hubieran ido “demasiado”bien) son previsibles, y hay que contar con ellos desde que se hacen los primeros contactos.
Y un último apunte: lamentable el papel de la oposición en este proceso. Han demostrado cuán ajenas les resultan los sintagmas “bien común” y “responsabilidad política”.
Bueno, si es verdad que ETA busca una salida airosa a su situación, creo que en el actual estado de cosas hay un requisito previo, y es que anuncien su renuncia a la vía militar y su disolución ordenada. Luego no sé si serían capaces de asumir su enorme contribución al incremento del control policial de nuestra sociedad. ¿Podremos desmontarlo luego?