27-M: tiempos conservadores, tiempos sin debate
Tras las elecciones autonómicas y municipales celebradas el pasado domingo, el 27 de mayo de 2007, abrimos una plaza pública para plantear una serie de interrogantes que nos ayuden a entender el escenario político que se avecina. Aquí van diez ideas, un marco impaciente que requiere participación y dudas y respuestas para tomar forma.
1. Los políticos quisieron hacer balances positivos y triunfalistas, y los datos se prestan a la interpretación y al debate sin fin.
2. Los periodistas, convertidos en analistas sagaces la noche del pasado domingo después de ser testigos silenciosos de mítines televisados durante la campaña, querían reivindicar su lugar como portavoces de la opinión pública. Su opinión, a veces excesivamente sesgada, les hacía olvidar su trabajo: ofrecer información plural y diversa. No hay mayor tentación que el protagonismo.
3. En primer lugar, se constata que el ciudadano español sigue siendo, en general, muy fiel a su partido político, pese a los cargos, las acusaciones o la falta de compromisos políticos. En muy pocas provincias ha habido cambios de Gobierno, y los que ha habido (Navarra, Baleares) obedecían a una situación política tan marcada (una política de nacionalismo español, el primero; acusaciones de corrupción política, el segundo) que la falta de alternancia política hubiera sido lo alarmante. Además, el trabajo de oposición ha sido en ocasiones tan pésimo (como el caso del PSOE en Madrid), que uno se pregunta cómo han conseguido, después de todo, tantos votantes. Una de dos: o el votante cree que el bipartidismo español sigue tendencias ideológicas muy marcadas (y, por tanto, cambiar de partido supone casi como cambiar de ciudad o de trabajo), o las semejanzas entre los dos grandes partidos nacionales son tantas, que el votante tiende a volver a votar por el partido que eligió anteriormente. Si nos fijamos en el número de votos que ha recibido el PP en el Ayuntamiento de Madrid (875.571) y los comparamos con los que recibió en 2003 (874.264), comprobamos que no ha habido grandes diferencias. Luego los votantes que han dejado de votar al PSOE en Madrid (que han sido muchos) no han ido mayoritariamente ni al PP ni a IU (que, aunque ha subido en votos, ha obtenido un incremento menor del esperable después de la campaña tan desastrosa de Miguel Sebastián).
4. Los partidos políticos que pasan por los Gobiernos autonómicos o municipales suelen salir reforzados, siempre y cuando no incurran en errores o en temas que lleven a la movilización masiva de votantes. El ejemplo claro sería el PP en Madrid. Pese a la enorme cantidad de críticas recibidas por parte de Gallardón y de Esperanza Aguirre, éstas no sólo han sido tomadas como menores por parte de la mayoría de los votantes, sino que han salido reforzados de estas elecciones. Me pregunto no por qué el PSOE no ha sabido restarle fuerzas al PP en Madrid, sino, ¿de dónde han salido tantos votantes del PP en Madrid? Creo que, entre todos, debemos hacer una radiografía de gran detalle acerca de qué imagen y qué códigos ideológicos y políticos está utilizando el PP para conectar con tantos votantes. Quizá esa sea una de las tareas más urgentes que debemos acometer ante estos tiempos conservadores.
5. Desconocemos si la intención de los discursos de los líderes de los partidos políticos nacionales, Rajoy o Zapatero, habrá funcionado en el cambio de voto. No lo parece. Ni la participación electoral ha sido muy alta, ni ha habido grandes cambios en las autonomías, como hemos dicho antes. Parece que el electorado se ha guiado por sus opiniones acerca de los concejales o los cabezas de lista por los que votaba, más que por la confrontación partidista en la que se entró la semana pasada, en la que unos y otros utilizaron el mismo mito, el guerrracivilista, para provocar que los votantes se posicionaran. Por lo visto, lo que mejor saben hacer es contar cuentos de terror.

6. La gran pregunta de esta democracia representativa endeble, apoyada en muletas, es por qué sigue existiendo una abstención tan enorme, y cuáles son las razones que llevan a un alto número del electorado a no votar. ¿Desencanto por la política? ¿Rechazo por el sistema electoral? ¿Anomia por el sistema vigente? Hacen falta encuestas y sondeos rigurosos sobre las razones, activas y pasivas, que llevan a la apatía electoral. [Aunque cierto es que, vistas las condiciones de nuestras instituciones, la abstención se está convirtiendo en la opción más coherente y sólida.]
7. Si la ciudadanía no tiene representantes ni partidos políticos que defiendan sus derechos, los dos grandes partidos nacionales acabarán enterrando las exigencias sociales mediante los temas más electoralistas o espectaculares. Un buen ejemplo de participación colectiva es V de Vivienda, que ha logrado mediante sus acciones colar en las agendas políticas el tema de la vivienda. Y, sin embargo, en ciudades como Madrid, donde el alquiler de vivienda ha adquirido precios desorbitados, el PP ha salido ganador, pese a que su única propuesta en esta materia era flexibilizar las hipotecas para jóvenes. Una cosa es conseguir que los partidos políticos toquen los temas que interesan a los ciudadanos; otra muy distinta es conseguir que obedezcan nuestras exigencias. Y, fuera de las elecciones cuatrienales, tenemos que vigilar y castigar a los políticos que no cumplan o que hagan mal su trabajo. Si no, ¿qué sentido tiene una opinión pública que nunca es escuchada?
8. Los movimientos sociales tienen una gran tarea por delante no sólo para hacer crecer el tejido social y participativo de las ciudades; es prioritario acotar la ola de conservadurismo que vivimos y (parece) viviremos de forma creciente. Abrir los espacios de participación, exigir la pluralidad de voces, hacer política (sin esperar a que se conceda a través de los representantes o de los organismos) desde nuestros campos de poder. Quizá haya que darle la vuelta al título de esta entrada: son los tiempos sin debate, sin participación, sin pluralidad política, los que favorecen los tiempos conservadores.
9. Los medios de comunicación, y sobre todo los de ámbito público, jugarán un papel decisivo en una sociedad más abierta y participativa. El Reglamento de Acceso Público de la RTVE, que se prometió, según la ley, para dentro de seis meses, aún está silenciada. Más que nunca hace falta que la política salga del ámbito de los dos grandes partidos nacionales. Van nuestros derechos sociales en ello.
10. Parafraseando a Sennet, es el aislamiento, y la falta de diálogo, y el encerrarse en identidades excluyentes, y refractarias al cambio y al desorden, lo que favorece el surgimiento del puritanismo.
2 Comentarios a "27-M: tiempos conservadores, tiempos sin debate"
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Hombre, el puritarismo en sentido amplio tal vez, pero no creo que por ahí vaya el asunto. En cuanto a las flexibilidad para pagar pisos que propone el PP, tal vez esto es parte de lo que (legítamente) buscaban los de "V" de vivienda (o alguno de ellos). Tampoco creo que la vivienda figurara en la agenda de ningún partido, porque esa agenda la gestionan (me temo) otros intereses u organismos. Por último, poco preocuparía la abstención si por otro lado se ganara la calle y las organizaciones sociales politizadas (así ha de ser, si todo es política, y si pretendemos, como bien señalas, que no sólo los políticos sean los que pueden hacer política) y creativas, como las que a veces se asocian a movimientos ocupa.
Junius, cuando hablo de puritanismo, no me refiero a hechos religiosos, sino a ceremonias y a normas fijas e inquebrantables que guían cada vez más la actuación de ciertos grupos sociales. Puritanismo, en su sentido más literal, remite a la pureza y a los orígenes. Y no hay nada más peligroso que aquellos que no quieren ningún tipo de cambio ni de debate por miedo, precisamente, al cambio. Ése es, creo, el peligro del puritanismo moral: el rechazo al debate, a la discusión, al diálogo.
Por otra parte, lo peligroso no es, como intenté señalar en este artículo, si gana el PP o el PSOE, sino las prácticas de poder que están implantando los dos, cada vez menos deliberativas, cada vez menos atentas a las exigencias de la ciudadanía, cada vez más volcadas en la parafernalia mediática que en los problemas sociales... La cuestión no reside en si está un partido u otro en el Gobierno (aunque claro que hay diferencias), sino en el modo que tienen ambos partidos nacionales de ejercer el poder: de una forma sectaria, cerrada hacia sus élites y sus grupos de presión. Más que nunca la política española se dirige a los ciudadanos como si éstos estuvieran condenados a ser siempre tratados como niños, como menores de edad que no saben lo que quieren.
Ése es uno de los grandes problemas de esta arena pública que crece en su infantilismo, ayudado con el peso de los partidos políticos...