a la portada de El Varapalo

Notas 16 Mayo, 2008 20:31

 

Parece demasiada coincidencia: en poco más de mes y medio, se juntan los titulares de varias noticias que, escondidas durante años, salen de golpe ahora e interpelan directamente al Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Imágenes filtradas sobre casos de violencia por parte de agentes de seguridad en el Metro de Madrid, imágenes de hace dos años y pico.

El supuesto caso de negligencia médica en el Hospital Doce de Octubre de Madrid: una bacteria que podría haber  causado la muerte a más de 18 pacientes. Datos que comienzan a fecharse en el año 2006.

O la información sobre el supuesto abuso de poder por parte de agentes policiales en Coslada. De nuevo, hechos que se remontan años atrás, y durante varias alcaldías de la ciudad, sin que se haya sabido nada.

 

Hasta ahora.

¿Azar, resultados del incansable periodismo de investigación de este país, o más bien, filtraciones interesadas, fuentes desconocidas que señalan con el dedo mientras se tapan la cara?

Antes de nada, aviso al lector precipitado: que no nos caiga bien la actual dirección de la Comunidad de Madrid, ni sintamos simpatía alguna por su trabajo, sus decisiones políticas o su discurso, no nos impide señalar que esta colisión atropellada de noticias sobre la Comunidad de Madrid recuerda, ciñéndonos al periodismo, a numerosos casos de nuestra historia democrática reciente en la que se han usado los medios de comunicación para el acoso y derribo de un candidado a un partido político. Los señores Alfonso Guerra, Josep Borrell o incluso Pasqual Maragall algo tendrían que añadir al respecto.

Así que, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? 

Primera hipótesis: periodismo de investigación del bueno (caso de las imágenes de Metro y del hospital Doce de Octubre), y el caso de Coslada, ya ven, no es más que una denuncia que ha irrumpido en los juzgados. Dudas: el periodismo de investigación en este país brilla por su ausencia, y cuando surge, surge por alguna finalidad concreta. ¿Ya no nos acordamos de que la trama informativa que seguía la pista al señor X del periódico EL MUNDO paró en seco cuando el PP llegó al poder?

Segunda hipótesis:  una conspiración informativa. La pregunta inmediata es ¿por parte de quién y contra quién? No está claro, no tenemos datos empíricos ni fuentes fiables que nos permitan argumentar una propuesta. Y además, esto es un artículo de reflexión, no una soflama. Otra duda, además: a lo mejor nosotros también estamos cayendo en teorías de la conspiración cuando nos faltan datos para explicar ciertos hechos.  

Tercera hipótesis: tres eventos informativos que, por puro azar, han coincidido en el tiempo natural de los medios de comunicación de este país, medios que, tras la vuelta al ruedo del Congreso, arden en deseos en contar noticias. Duda: qué raro que tengan en común las mismas etiquetas, a saber: Comunidad de Madrid, errores en la Administración, información ocurrida hace/durante años.

Sin datos fiables, sin un garganta profunda que desvelar en el último momento por arte de birlebirloque, debemos quedarnos en la barrera: parece demasiada coincidencia.

Saludable la labor de quien se empeña en emborronar entradas de blog. 

 



Notas 03 Diciembre, 2007 17:13

 

Llevo siguiéndolo desde hace años, desde que descubrí un reportaje suyo en El País dedicado a los asesinos de un niño de tres años.  El reportaje, firmado por un tal Enric González, retrataba a los asesinos (por entonces adolescentes de doce o trece años)  como seres humanos, como chavales que se habían equivocado y que iban a pagar por sus errores toda su vida. No necesitaban ser caracterizados como monstruos, como habían hecho los medios de comunicación ingleses cuando ocurrió el caso, para que uno pudiera comprender la locura y el sinsentido del asesinato de aquel niño.

Enric González es uno de esos pocos periodistas por los que merece la pena seguir creyendo en el género del reportaje, en los matices del buen articulismo e incluso en el estilo personal e inconfundible, aunque parezca imposible, que se esconde detrás de sus noticias. Recuerdo algunos de sus últimos artículos, como el que dedicó a Primo Levi, o el que escribió hace poco sobre Magnum. Las cosas son así: uno lee muy pocas noticias hasta el final; busca las firmas de los periodistas que le merecen respeto y confianza y las sigue con secreta admiración. 

Descubrí también, en un tiempo en el que buscaba referencias de estilo para escribir reportajes y otros textos periodísticos, su magnífico libro Historias de Londres. Comienza con humildad, con una voz narrativa que cuenta en primera persona los avatares de un periodista llamado Enric González. Poco a poco, el libro pasa de ser una crónica íntima a  convertirse en una lectura personal de los espacios míticos y de los personajes insustitubles de Londres, durante  la estancia que vivió allí Enric González como corresponsal. Aún no he leído su libro Historias de Nueva York, pero sé que lo acabaré leyendo. Hay más aprendizaje y contención y lirismo sin trucos baratos ("contra los poetas" que diría el otro) en la prosa de Enric que en la de muchos escritores que se jactan de su etiqueta de autores de ficción. ¿Todavía no se han enterado muchos escritores que la escritura no anida siempre en lo oscuro?

Ahora tiene un espacio dominical en el suplemento DOMINGO de El País, una columna dedicada a temas diversos tomando como pretexto un libro, no necesariamente una novedad. Es de las pocas páginas que merecen una lectura atenta, a veces casi devota, de El País, después de que este periódico se haya convertido en el pilar más fraudulento de la élite cultural y económica de este país ensimismado. Su último artículo, el de este domingo, lleva como título "El festín del icneumónido", y ya se ha convertido (o eso espero, si existe la justicia periodística) en un ejemplo perfecto del articulismo mínimo, una miniatura exacta, una pieza con la que se construyen los patrones y surgen las imitaciones. Sólo Enric González era capaz de construir un texto tan desolado y tan lleno de humor trágico y que el lector apresurado llegara hasta la última línea y pensara: "Umm, esto es más de lo que estoy acostumbrado". Así es Enric González: siempre entrega más de lo que uno está acostumbrado.