15 Febrero, 2010 19:29
Roberto Bolaño: nuestro es el reino del exilio
La obra de Bolaño constituye una reconstrucción literaria, a lo Mallarmé, de la propia vida. El acontecimiento, el hecho existe para ser llevado a un libro.
¿Del exilio no se puede escapar? Según su libro de artículos Entre paréntesis, el exilio no es tratado como una maldición o losa que el escritor tuviera que arrastrar a lo largo de su vida. Para Bolaño, el exilio no es más que un hecho fortuito y accidental que enriquece la vida. Por otro lado, parece que Bolaño desconfía de la patria nacional o de todo aquello que recuerde a la forma de la frontera cerrada o circunscrita en la cual el escritor debe reconocerse. “Soy un escritor latinoamericano”, sin más, decía en una entrevista. La patria, la frontera existe en la memoria, exclusivamente.
No sorprende que Bolaño desautorice una lectura regional o costumbrista de su literatura. No hay un escritor menos realista o reconocible en una geografía. Igual que en su estilo, Bolaño evita la ciudad reconocible, el barrio repetido y amplificado, los espacios fijados. Aparecen, sin embargo, en muchos de sus textos personajes que caminan y viajan y se desorientan de un lugar a otro, se pierden de un país o una ciudad o una calle a otra (Amuleto, 2666). De nuevo habría que recordar que en la literatura de Bolaño los personajes no pueden decidir lo que les sucede, ni siquiera lo que verdaderamente quieren... Es una literatura del azar, del acontecimiento o el lugar perdido que arrastra la vida del personaje literario. De esa forma, la literatura se convertiría en una suerte de mapa para rastrear los pasos de los personajes que vagan por espacios abiertos y desubicados (escritura de la periferia), aunque la palabra no sirve para entender las acciones ni las reacciones de los personajes; consiste, más bien, en una forma de dejar constancia del absurdo de los destinos.
En el cuento La nieve (Llamadas telefónicas) el personaje se reconoce como chileno, aunque ¿por qué debería serlo?
Sus novelas son antidetectivescas. No se rastrea un punto o un personaje; es el propio detective, el que mira, el que cuenta, el que analiza, el que es investigado, como en uno de las mejores novelas cortas de Auster, Fantasmas. Escritura sobre la escritura, percepción sobre el acto de percibir y de clasificar.
Cuentos en los que el pasado persigue a los personajes.
La memoria, como la escritura, no deja de estar en el presente, en las cosas que vivimos en el puro presente... El pasado siempre nos alcanza, como en el cuento El Ojo Silva.
El exilio no es una maldición sino una condición inevitable de la escritura... El exilio, por otra parte, no justifica ni explica ninguna cualidad del buen escritor. El exilio no es más, por tanto, que un mal menor, una nota a pie de página, como decir que uno es de Blanes o de Casteldefells: nadie se detiene en preguntarse si haber nacido en un lugar u otro ha mejorado la escritura.
28 Mayo, 2008 19:13
La conjura tiene nombres
La relectura del precoz Retrato del artista en 1956, el diario de Jaime Gil de Biedma publicado completo a su muerte, trae una de esas curiosidades simétricas con el vergonzoso dietario político. La voz que cuenta el diario, alguien llamado Gil de Biedma, relata cómo el recorte de un artículo que le han remitido a Manila, donde estaba trabajando, le recuerda la España que ha dejado atrás. Dice: "Título bien franquista: "la conjura tiene nombres", aparecido, como no, en El Español. Había olvidado el estilo periodístico de mi país y durante todo el día la ira casi me ha hecho daño."
La noticia refiere el cierre de una asociación de escritores de la que formaban parte Enrique Múgica, López Pacheco, Claudio Rodríguez o Muguerza, los llamados "nombres de la conjura", que fueron procesados y acusados por "conspiración comunista". Biedma escribe entonces que "por primera vez he sentido la tentación de exiliarme". Curioso comprobar cómo sus palabras se pueden aplicar al presente: "Otra vez la misma deliberada histeria ad usum hispaniorum, la misma absoluta, cerril, exasperante estupidez, la misma mala fe. No sabe uno si llorar de risa o reír de rabia. Por más que me vigilaba, caigo en la cuenta de que en la ausencia había idealizado a España; topetazos como éste le quitan a uno las ganas de volver y la ilusión de que algo sea posible."
Pienso en cómo esas palabras describen la supuesta conspiración en la cúpula del PP, en cómo el estilo periodístico de este país tiene raíces franquistas, y éstas salen a la luz en cuanto se mueven las cúpulas políticas. Pienso en cómo la histeria ad usum hispaniorum viene de lejos en el PP, pero muerde en el centro mismo del sistema de partidos de este país, sistema opaco, cerrado, con un exceso de núcleos de poder y una falta de asambleas deliberativas de base. La conjura tiene nombres: son los de aquellos que han mantenido vínculos franquistas de los que no han podido o no han querido deshacerse. Y esos lazos no tienen por qué ser personales; basta con que se mantengan procedimientos franquistas, jerarquías inamovibles, pensamientos de fanático, que no necesitan dar explicaciones ni solicitar acuerdos.
Lo peor no es que le corten la cabeza al líder de un partido en público, con tribunas y micrófonos como hachas, tejemanejes varios a la sombra o al descubierto (no sería conjura sino lucha intestina entonces); lo que le quitan a uno las ganas de volver y la ilusión de que algo sea posible, digo, es que todo está sucediendo ahora mismo, ahí delante, en una supuesta democracia, y no en 1956.
16 Mayo, 2008 19:31
Filtraciones informativas y candidatos indeseables
Parece demasiada coincidencia: en poco más de mes y medio, se juntan los titulares de varias noticias que, escondidas durante años, salen de golpe ahora e interpelan directamente al Gobierno de la Comunidad de Madrid.
Imágenes filtradas sobre casos de violencia por parte de agentes de seguridad en el Metro de Madrid, imágenes de hace dos años y pico.
El supuesto caso de negligencia médica en el Hospital Doce de Octubre de Madrid: una bacteria que podría haber causado la muerte a más de 18 pacientes. Datos que comienzan a fecharse en el año 2006.
O la información sobre el supuesto abuso de poder por parte de agentes policiales en Coslada. De nuevo, hechos que se remontan años atrás, y durante varias alcaldías de la ciudad, sin que se haya sabido nada.
Hasta ahora.
¿Azar, resultados del incansable periodismo de investigación de este país, o más bien, filtraciones interesadas, fuentes desconocidas que señalan con el dedo mientras se tapan la cara?
Antes de nada, aviso al lector precipitado: que no nos caiga bien la actual dirección de la Comunidad de Madrid, ni sintamos simpatía alguna por su trabajo, sus decisiones políticas o su discurso, no nos impide señalar que esta colisión atropellada de noticias sobre la Comunidad de Madrid recuerda, ciñéndonos al periodismo, a numerosos casos de nuestra historia democrática reciente en la que se han usado los medios de comunicación para el acoso y derribo de un candidado a un partido político. Los señores Alfonso Guerra, Josep Borrell o incluso Pasqual Maragall algo tendrían que añadir al respecto.
Así que, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?
Primera hipótesis: periodismo de investigación del bueno (caso de las imágenes de Metro y del hospital Doce de Octubre), y el caso de Coslada, ya ven, no es más que una denuncia que ha irrumpido en los juzgados. Dudas: el periodismo de investigación en este país brilla por su ausencia, y cuando surge, surge por alguna finalidad concreta. ¿Ya no nos acordamos de que la trama informativa que seguía la pista al señor X del periódico EL MUNDO paró en seco cuando el PP llegó al poder?
Segunda hipótesis: una conspiración informativa. La pregunta inmediata es ¿por parte de quién y contra quién? No está claro, no tenemos datos empíricos ni fuentes fiables que nos permitan argumentar una propuesta. Y además, esto es un artículo de reflexión, no una soflama. Otra duda, además: a lo mejor nosotros también estamos cayendo en teorías de la conspiración cuando nos faltan datos para explicar ciertos hechos.
Tercera hipótesis: tres eventos informativos que, por puro azar, han coincidido en el tiempo natural de los medios de comunicación de este país, medios que, tras la vuelta al ruedo del Congreso, arden en deseos en contar noticias. Duda: qué raro que tengan en común las mismas etiquetas, a saber: Comunidad de Madrid, errores en la Administración, información ocurrida hace/durante años.
Sin datos fiables, sin un garganta profunda que desvelar en el último momento por arte de birlebirloque, debemos quedarnos en la barrera: parece demasiada coincidencia.
Saludable la labor de quien se empeña en emborronar entradas de blog.
03 Diciembre, 2007 16:13
Notas. Elogio de Enric González
Llevo siguiéndolo desde hace años, desde que descubrí un reportaje suyo en El País dedicado a los asesinos de un niño de tres años. El reportaje, firmado por un tal Enric González, retrataba a los asesinos (por entonces adolescentes de doce o trece años) como seres humanos, como chavales que se habían equivocado y que iban a pagar por sus errores toda su vida. No necesitaban ser caracterizados como monstruos, como habían hecho los medios de comunicación ingleses cuando ocurrió el caso, para que uno pudiera comprender la locura y el sinsentido del asesinato de aquel niño.
Enric González es uno de esos pocos periodistas por los que merece la pena seguir creyendo en el género del reportaje, en los matices del buen articulismo e incluso en el estilo personal e inconfundible, aunque parezca imposible, que se esconde detrás de sus noticias. Recuerdo algunos de sus últimos artículos, como el que dedicó a Primo Levi, o el que escribió hace poco sobre Magnum. Las cosas son así: uno lee muy pocas noticias hasta el final; busca las firmas de los periodistas que le merecen respeto y confianza y las sigue con secreta admiración.
Descubrí también, en un tiempo en el que buscaba referencias de estilo para escribir reportajes y otros textos periodísticos, su magnífico libro Historias de Londres. Comienza con humildad, con una voz narrativa que cuenta en primera persona los avatares de un periodista llamado Enric González. Poco a poco, el libro pasa de ser una crónica íntima a convertirse en una lectura personal de los espacios míticos y de los personajes insustitubles de Londres, durante la estancia que vivió allí Enric González como corresponsal. Aún no he leído su libro Historias de Nueva York, pero sé que lo acabaré leyendo. Hay más aprendizaje y contención y lirismo sin trucos baratos ("contra los poetas" que diría el otro) en la prosa de Enric que en la de muchos escritores que se jactan de su etiqueta de autores de ficción. ¿Todavía no se han enterado muchos escritores que la escritura no anida siempre en lo oscuro?
Ahora tiene un espacio dominical en el suplemento DOMINGO de El País, una columna dedicada a temas diversos tomando como pretexto un libro, no necesariamente una novedad. Es de las pocas páginas que merecen una lectura atenta, a veces casi devota, de El País, después de que este periódico se haya convertido en el pilar más fraudulento de la élite cultural y económica de este país ensimismado. Su último artículo, el de este domingo, lleva como título "El festín del icneumónido", y ya se ha convertido (o eso espero, si existe la justicia periodística) en un ejemplo perfecto del articulismo mínimo, una miniatura exacta, una pieza con la que se construyen los patrones y surgen las imitaciones. Sólo Enric González era capaz de construir un texto tan desolado y tan lleno de humor trágico y que el lector apresurado llegara hasta la última línea y pensara: "Umm, esto es más de lo que estoy acostumbrado". Así es Enric González: siempre entrega más de lo que uno está acostumbrado.