a la portada de El Varapalo

18 Mayo, 2009 20:39

 

 

El veterano y la jovencita inexperta en el escenario más romántico: el despacho del periodista

Inevitable que este blog se sume al debate, extendido por webs, editoriales de periódicos e incluso alguna película, sobre el cercano futuro de la prensa. Hace mucho tiempo, al poco de iniciar este blog, escribimos una entrada que se hacía eco de un artículo del semanario The Economist que trataba el tema, titulado Who killed the newspaper? El tiempo ha demostrado que los brujos no se equivocaban, y lo que comenzó como un vendaval de Internet se ha transformado en una crisis del periodismo convencional y de los periódicos en particular. Otro artículo de este blog habló de los efectos de aplicar el modelo del low cost a la prensa; los datos recientes sobre despidos y ajustes laborales en las plantillas de algunos periódicos españoles confirman que la precarización del trabajo del periodista se refuerza, y, por tanto, la inestabilidad laboral que padecen muchos  periodistas.

Se habla mucho de la posible parte de culpa de los blogs en la crisis de la prensa. Algunos ponen como ejemplo la reciente película La sombra del poder, un brillante ejercicio sobre el fin de los periódicos (tal como los hemos conocido), en la que un periodista veterano trabaja junto a una inexperta bloguera, que termina declarando, como si fuera una prueba de su derrota: “Supongo que esta es una historia por la que merece la pena mancharse los dedos de tinta”. Conclusión de trazo grueso: los periódicos publican calidad; los blogs están escritos por aficionados y no pueden alcanzar la profesionalidad de los periódicos.

Juan Cruz, en una serie de entrevistas para El País con una serie de directores de periódicos, afirmaba que los periodistas hacen su trabajo y verifican y contrastan las fuentes; los blogs, en cambio, están hechos de rumores y mentiras. Este periodista, como ha demostrado en alguna otra ocasión, parece más preocupado de juzgar que de ser cabal: la amplia mayoría de blogs no le hacen competencia al periodismo convencional; completan, añaden o incluso cubren vacíos informativos notables. Por su parte, la lista de periodistas que no pueden investigar con tiempo para su noticia, debido a las presiones, a la precariedad profesional y a las cargas de trabajo diarias, es bien larga.

Los periódicos patalean y le echan la culpa de sus males a la competencia del periodismo ciudadano. Parece, sin embargo, que, por más que la prensa saque a relucir su capital simbólico y su veteranía (temas centrales en La sombra del poder), no consiguen vender más periódicos ni atraer más anunciantes. Los periódicos, o al menos los que hemos conocido hasta ahora, tienen los días contados. Las causas, a continuación:

 

1)     El fin del monopolio de la información. Durante décadas, los periódicos no renovaron contenidos ni audiencias. Se dedicaron a disfrutar de su posición privilegiada, que les permitía acceder a fuentes de información sólo para periodistas acreditados. No es que se hiciera mejor información en la era de la prensa; es que no había medio que le hiciera competencia. Internet ha dinamitado el monopolio de la información, tanto de los que controlaban el acceso a “temas de interés para la opinión pública”, los periódicos, como los que la facturaban, los periodistas. Desorientada, la prensa evitó enfrentarse a sus errores y carencias, y miró para otro lado.

2)     Limitaciones del medio. Los periódicos ya no pueden competir con la inmediatez de Internet. El periódico no da noticias; las interpreta, las analiza, profundiza en ellas. Paradójicamente, la prensa convencional española adelgaza sus contenidos, suprime espacio para los reportajes, publica decenas de noticias a partir de una nota de una agencia de prensa. En lugar de apostar por la calidad, la prensa española reduce costes y se justifica diciendo que es muy caro hacer información. Si las noticias de los periódicos se parecen cada vez más a entradas de un blog, ¿de qué se sorprenden? Al final, han terminado copiando el formato del enemigo en lugar de enfrentarse a él.

3)     El watchdog de la democracia. Periodistas como Seymour Hersh, Fisk, Bernstein o Rosenstiel trabajaron para la ciudadanía, desde la función pública de la prensa. Decía Arthur Miller, en una frase muy citada, que un periódico es una nación que dialoga consigo misma. Pues bien, la verdad es que desde hace décadas la prensa se resiente de ese vacío: es muy débil  la tarea de vigilancia del poder por parte de la prensa. El periodismo es, ante todo, investigación, la búsqueda de la noticia, y no la espera paciente a las filtraciones interesadas. Además, y aún más importante: si la corrupción política o las espirales de silencio sobre temas fundamentales para la ciudadanía cuentan con la connivencia de los periódicos (como creo que ha sido aquí desde hace décadas), el periódico deja de ser un instrumento político para pasar a ser un mero entretenimiento. Las páginas de deportes adquieren más presencia que las dedicadas a los sindicatos o a los movimientos sociales. El fin es el consumo de las audiencias: la rentabilidad económica ha terminado devorando los pequeños huecos de esfera pública que quedaban.

4)     El trabajo del periodista. Dudo que el oficio de periodista desaparezca; lo que no está tan claro es que sigan haciendo su trabajo en un soporte tan reducido, heterogéneo y de baja calidad como en el que se han convertido los periódicos actuales. Los periódicos serán de calidad o no serán. Y esta afirmación pasa necesariamente por defender el trabajo del periodista, su independencia, las condiciones laborales en las que trabaja, el espacio para su creatividad e iniciativa. Periódicos que se dirigen como una fábrica de coches son un mal asunto. ¿Quién hizo al periódico tan conservador en su formato, en sus propuestas, en su elección de temas para la audiencia? ¿El periodista o el asesor de marketing?

 

No sabemos si los periódicos convencionales sobrevivirán a la era de Internet, que ha propiciado una atomización de pequeños medios, de memorias portátiles y poco disciplinadas que han descubierto al usuario una cantidad enorme de contenidos que estaban ausentes de los medios convencionales. Ante una plataforma ilimitada de opciones, el periódico aparece como una antología no siempre afortunada de contenidos y de firmas que, sobre todo, repiten y corean sin cesar los mismos enfoques y contenidos día tras día. En esa selección ideológica que es el periódico, unas pocas voces, unos pocos artículos pueden justificar el pago del soporte en papel, pero, o al menos en mi caso, cada vez es más difícil encontrarlos en los periódicos convencionales. Un modelo de negocio basado en venta de cuotas de audiencia a sus anunciantes suele terminar volviéndose en contra de la materia prima del buen periódico: el análisis, la investigación, la información extensa y pormenorizada. Si los periódicos quieren perpetuarse como géneros de entretenimiento, basados en costes bajos para grandes audiencias, la ciudadanía no perderá gran cosa si los periódicos convencionales en papel desaparecen. Al fin y al cabo, los periódicos de Seymour Hersh, de Tom Wolfe, de Ramón Lobo, hace ya tiempo que habían sido enterrados.

Escribía Kapuscinski que los cínicos no sirven para este oficio. Olvidó mencionar que son precisamente los cínicos los que dirigen y hacen dinero con los periódicos.

 

 




17 Septiembre, 2008 17:28

 

Este artículo fue dibujado de varias maneras antes de adquirir su forma definitiva.
Al principio, pensé que fuera una extensión o un complemento al artículo que escribió el amigo Carrillo hace unas semanas en su blog cercano, en las aguas territoriales de El Varapalo. Francisco hablaba de que la tan cacareada crisis hace mucho tiempo que está entre nosotros, en forma de salarios bajos, alquileres por las nubes, precariedad y temporalidad de trabajos y trabajadores. Sólo se habla de crisis, en definitiva, cuando afecta a los más fuertes, a las instituciones, empresas o inversores que generan la suficiente riqueza como para que la falta de ésta sea motivo de alarma; si el crecimiento macroeconómico, basado sobre todo en la construcción y en mano de obra barata para servicios, pasa por que un buen porcentaje de la población necesite en torno a treinta o cuarenta años para pagar su casa, eso no importa, ese debate no existe. Carrillo apunta y acierta en los rasgos de una década que, efectivamente, ha beneficiado extraordinariamente a unos pocos. Pensé entonces (pensando en ese artículo que al final no escribí) que no toda la culpa la debía asumir un Gobierno que ha actuado en la burbuja inmobiliaria más por pasividad que por acción; una buena parte de responsabilidad también está en toda esa población que hizo suya la ansiedad de enriquecerse con rapidez, que quería sumarse al carnaval de la especulación, que ahora acusa, pero que durante años calló. Es verdad que muchos ahorradores de este país se vieron alentados a especular con los metros de superficie y los años que necesitaría para adquirirlos la generación siguiente; ahora bien, ser alentados por otros, por mucha publicidad implicada, no nos exime de responsabilidad individual. El estallido de la burbuja inmobiliaria estaba anunciado; que todas las culpas se las iba a llevar el Gobierno, también.

Estuve luego dándole vueltas a un artículo sobre posibles recortes laborales y sociales que se avecinaban. En la década de los 90, la crisis que vivió España (tras los excesos de las Olimpiadas y la Expo) sirvió para justificar el tijeretazo a  numerosos subsidios o la congelación de salarios a los funcionarios. Más tarde, la necesidad de aligerar los presupuestos del Estado llevó a la privatización de numerosas empresas públicas, entre otras, las empresas energéticas o de telecomunicaciones. Así que cómo no imaginar que si la crisis  continúa, y lastra aún más los problemas financieros del sistema español, las justificaciones de recortes sociales volverán. Tiene gracia, de hecho, que Zapatero esté construyendo su defensa de los presupuestos del Estado del año que viene con el argumento de que “se mantienen y se refuerzan las políticas sociales”. Más de uno no olvida que las grandes privatizaciones de empresas públicas comenzaron con los últimos años de Felipe González en el poder, y parece que Zapatero quiere adelantarse a las críticas. Aquí, como hemos dicho tantas veces, son más peligrosos los silencios y los pactos económicos entre PP y PSOE que la crispación: habrá que leer la letra pequeña para saber qué es lo que se deja de hacer para que las cuentas del Estado cuadren.

Creo que, al final, escribiría un artículo sobre el "periodismo de crisis" como si fuera un subgénero narrativo más, como hablaba hace poco con mi colega Óscar. La crisis como género, cercano al thriller y a la novela negra, que asigna y distribuye categorías convencionales propias: el poderoso en la sombra, el especulador sin escrúpulos que, como en la película de Wall Street, de Oliver Stone, decide solo el destino de miles de trabajadores de una aerolínea; el investigador que desvela en el último momento la verdad, por más cabezas que rueden (y quizá, por eso, la película American Ganster es la perfecta metáfora de la crisis financiera, y la esperanza de que el codicioso terminará siendo rehabilitado), aunque en el caso de la crisis financiera poco se puede agradecer a periodistas o investigadores. La información llega en forma de datos de Bolsa, en intercambios a gran escala por miles de accionistas nerviosos y desconfiados. Hay otros personajes sumamente interesantes, sacados de otro género, más próximo a la novela fantástica o al mito: los hombres del Oráculo, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal, unos tipos que, como sacerdotes, pronostican el futuro y, al hacerlo, lo transforman; decir a los que mueven el dinero lo que van a hacer, lleva a éstos a gestionarlo de una manera u otra. Este artículo debería centrarse también en las pautas de lectura de este tipo de información, en la tensión narrativa que lleva dentro: la alarma, el miedo o el suspense son inherentes al "periodismo de crisis", pero también la sorpresa ante el próximo batacazo, quiebras financieras que, como cadáveres a horas intempestivas, acompañan en el desayuno a padres de familia recién levantados. Esta última imagen es, claro, otra convención, nacida del cine. Pero es que, ¿no sigue la información financiera todas las convenciones propias de su género? [Nadie dice que no haya crisis, ni que los datos económicos no sean desastrosos; tampoco queremos escribir un artículo posmoderno. Sólo decimos que hay muchas maneras de contar una crisis, y las dificultades por las que atraviesan miles de familias durante los años de supuesta bonanza económica son olvidadas, y ahora, de repente, omnipresentes.]

Un artículo sobre la forma, la estructura o las rutinas con las que se informa de la crisis financiera, porque quizá el mayor peligro de una crisis es la forma que tenemos de contarla, y a partir de este relato, el efecto que ejerce sobre nosotros. Igual que una llamada telefónica que nos cita en un callejón por la noche: puede hacer que nos partamos de risa del amigo o que cerremos con doble llave la puerta.




19 Diciembre, 2007 16:59

 

Corren malos tiempos para el periodismo reposado. De los tres o cuatro periódicos de difusión nacional que se publican en este país, el género de los reportajes pierde ante las elecciones que toma el márketing, reformas finas y elegantes para conseguir nuevos lectores y abaratar costes. El pasado domingo, por ejemplo, uno podía constatar asustado que los reportajes de signo político o social habían desaparecido del suplemento El País Semanal, y, en su lugar, temas variopintos, secciones de moda, mucha foto y poco texto. Al final resulta que El País no había renovado su formato o su línea editorial; había terminado de adaptarse a los nuevos tiempos, que requieren un periodismo de carga y ataque, un periodismo de tomar bando o de guardar filas. En los asientos, unos periodistas que trabajan a toda pastilla, que redactan notas de prensa como quien lee el teletexto y que, en el mejor de los casos,  hacen dobles páginas o reportajes para los suplementos tras años diligentes de servicio.  Todos ellos, eso sí, muy limpios, impecables en su estilo y factura, no vaya a ser que alguien se sienta ofendido.

Quizá estamos equivocados y siempre fue así: el reportaje es un género minoritario, las secciones de promoción y de réditos políticos o comerciales desde hace mucho que tienen billete preferente para las páginas de los periódicos. Puede ser. Pero una ojeada a números atrasados, a reportajes de hace cinco o seis años atrás nos permite comprobar que los artículos de fondo se apreciaban y se cuidaban (corríjanme si me equivoco, por favor, que la memoria falla). Ahora veo cómo las grandes fotografías, a veces anodinas, sin particularidad alguna, se comen decenas de páginas de los diarios, y otras tantas corresponden a los faldones o las medias páginas de publicidad. Al principio creí que era una decisión de diseño y de prestigio; el poner fotos tan grandes, digo. Ahora creo que ha pesado igual o más el criterio comercial, y el ahorro que supone sustituir páginas escritas por fotografías también cuenta en la balanza de costes y beneficios.

 

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04 Julio, 2007 19:11

 

Publicamos la entrevista completa, sin cortes de edición, que hicimos a Luis Fernández-Galiano, incluida en el doble número de verano (234-235) de la revista El Viejo Topo. Ésta es la segunda parte de la entrevista: Galiano habla del futuro del comunitarismo social y religioso y, por último, apunta algunas de las previsiones del desarrollo urbano que vivimos y viviremos. [Para leer la primera parte, pincha aquí]

2. Comunidades de interés

R: Hay otra crítica, por parte de algunos sectores de la izquierda sobre Internet, según la cual si dirigimos todo el esfuerzo de lucha ideológica y de resistencia hacia la red, tal vez nos estamos olvidando de la presión colectiva que podemos ejercer en las calles. En la red (de nuevo, Zizek), todos estamos juntos, pero a la vez estamos todos aislados, separados en nuestros espacios privados.
LFG: Sí... Hablas de nuevo de Zizek, cuya filosofía, de raíz lacaniana, ha mostrado simpatía por el rearme ideológico de la derecha religiosa...
R: ¿Simpatía?
LFG: Sí, simpatía desde la óptica ideológica de la izquierda posmarxista. Es como el Papa actual, Benedicto XVI, que reclama una involución moral... contraria a la Ilustración. Afirma que la raíz de nuestros problemas está en Voltaire, no en Marx ni en Lenin. El problema entonces es... el individualismo laico. Que necesitemos estructuras de carácter mágico, que posibilitan ese carácter comunitario que proporciona cohesión a las sociedades, y que otorga disciplina al cuerpo social, es una idea que ha preconizado con gran lucidez Peter Sloterdijk, cuando reclama que hay que volver a domesticar a la especie urbana, que ha pasado de ser una especie con unos códigos morales a ser una especie salvaje... Y estas ideas apuntan al problema del que hablábamos al principio: el individualismo extremo se ha hecho disfuncional para la supervivencia de la colectividad. Y ese retorno del interés en el fenómeno religioso creo que tiene más que ver con la defensa por parte de la religión de unos valores comunitarios, que el individualismo capitalista ha devastado, creando una anomia colectiva y una desesperanza individual, que genera muchas patologías del comportamiento cotidiano. Así que, si no es la religión, al menos otra forma de pensamiento mágico que nos mantenga cohesionados, que discipline al cuerpo social.

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04 Julio, 2007 19:01

Publicamos la entrevista completa, sin cortes de edición, que hicimos a Luis Fernández-Galiano, incluida en el doble número de verano (234-235) de la revista El Viejo Topo. Ésta es la primera parte de la entrevista, sobre la evolución de los espacios sociales urbanos, y sus conexiones con el desarrollo urbano. [Para leer la segunda parte de la entrevista, pincha aquí]

La arquitectura es, por definición, pública. No puede entenderse sólo en términos formales de cubos o cilindros, texturas, colores. Para mí, entender la arquitectura sin su dimensión política es absurdo”, dice Luis Fernández-Galiano, uno de los críticos e investigadores de arquitectura más lúcidos y prolíficos. Director de la revista Arquitectura Viva desde hace ya veinte años, jurado para incontables premios de arquitectura, ha sido, como él mismo confiesa, más un escritor que un arquitecto, pues ha desarrollado su trabajo entre libros, artículos y publicaciones varias, siempre con un estilo cuidadosamente construido. “Soy un arquitecto sin obra. Mi producción ha girado en torno a los textos”. Ahora, bajo una lluvia torrencial y protectora que invade Madrid, acepta colaborar, mediante una entrevista, para un breve documental sobre la ciudad y sus espacios de relación.

 

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15 Mayo, 2007 00:57

 

MAX

El otro día, después de una larga jornada televisiva, empecé a discutir con mi amigo D sobre los blogs y su extraño futuro. Le conté a D que hace tiempo quiero escribir una entrada sobre el tema, que había pensado titular, pomposamente, "La frágil revolución de los blogs". Creo que es así, que el cambio que ha traído la blogosfera es aún muy frágil, porque los medios de Internet no están luchando contra los contenidos de los medios convencionales. En lugar de asentarse una blogosfera basada en la información,  abundan, uno, los blogs que repiten contenidos y eventos aparecidos en los medios convencionales; y dos, los blogs de opinión, cuyo principal objeto de discusión procede de las noticias mediáticas. Es decir,  la blogosfera actual no deja de ser una cita, una paráfrasis, sobre los contenidos de los mass media. D está de acuerdo en parte del diagnóstico, pero difiere en la solución al problema.

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14 Enero, 2007 02:43

 

Rápido, hay que comprarlo: que se acaba, que es el gadget más in y cool, que hay que estar a la última. El anuncio esta semana del próximo lanzamiento del Iphone, de la empresa Apple, viene a sumarse a una selecta lista de productos tecnológicos (el Ipod, el PSP, el PS3, la Wii, la XBOX) que compiten ferozmente por abrirse paso en el saturado mercado de las nuevas tecnologías. En dicha batalla comercial y publicitaria han encontrado un aliado de peso incalculable: los medios de comunicación de masas. 

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03 Diciembre, 2006 00:49

 

Vídeo y política

La información elaborada, editada y distribuida desde los partidos políticos españoles ha entrado en una nueva fase: el mensaje político convertido en vídeo, la golosina audiovisual, que diría Ramonet, que usa tanto las redes de Internet  como la televisión, privada y pública, para diseminarse entre las audiencias y ganar en efectividad propagandística y en presencia mediática.

Desde aquí nos sumamos al análisis, que se ha hecho desde muchos ámbitos (Véanse las entradas de El síndrome de Ottinger o Periodistas21, por ejemplo), sobre las estrategias y trucos de la comunicación política que nos viene.

 

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26 Septiembre, 2006 02:53

 

Una historia de amor ambientada en el futuro; un hombre y una mujer separados por leyes que intentan controlar los estragos causados por la experimentación clónica; un relato futurista y también (como casi toda la ciencia-ficción) tremendamente político, pues el territorio—y los mecanismos que se usan para vigilarlo, controlarlo e, incluso, fragmentarlo—es quizá el gran protagonista de la película, lo que nos hace recordar todas esas narraciones futuristas cuyos escenarios principales se caracterizan por espacios fracturados en dos, en una dicotomía irreconciliable entre un adentro y un afuera. Hablamos, sobre todo, de esas ficciones que retratan la separación abismal entre una ciudad cerrada e hipervigilada y el territorio inmenso y caótico que se abre extramuros, fuera de las fronteras militarizadas de la ciudad.

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12 Septiembre, 2006 16:58

Hace unas semanas, The Economist publicaba un extenso artículo y un editorial titulado “Who killed the newspaper?”, que servía a su vez de portada(The Economist, 26 agosto-1 septiembre 2006). En él se reflexionaba sobre la evolución y el futuro del periódico impreso, así como acerca de sus perspectivas de negocio.

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